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A los dieciséis años, Arturo sabe demasiadas cosas y, al mismo tiempo, no sabe qué hacer con su vida. Entre la incertidumbre vocacional, el amor, la búsqueda de identidad y una creciente necesidad de experiencias, comienza a hacerse una pregunta que parece atravesarlo todo: -qué hacemos con aquello que deseamos? Una apendicitis perforada y una cirugía de emergencia interrumpen abruptamente su mundo. Bajo los efectos de la anestesia, Arturo atraviesa un extraño sueño en el que encuentra un libro titulado Anacondria y una presencia enigmática le revela una idea que transformará su manera de comprenderse: el deseo no es un problema que deba ser eliminado, sino una fuerza que necesita dirección. A partir de ese momento comienza una travesía por la psicología, el psicoanálisis, la filosofía, el simbolismo y distintas tradiciones de pensamiento. El deseo aparece entonces bajo múltiples rostros: carencia y exceso, placer y sufrimiento, repetición y libertad, creación y destrucción. Freud, Lacan, Jung, Deleuze, Guattari, Sade y otras voces sirven como puntos de encuentro y de ruptura para una pregunta más profunda: -nuestros deseos verdaderamente nos pertenecen? Entre novela filosófica, ensayo psicológico y viaje iniciático, Anacondria propone una exploración del deseo como hilo conductor de la existencia humana. No pretende enseñarnos qué debemos desear, sino conducirnos hacia una pregunta más incómoda y quizá más importante: -desde dónde deseamos? Porque tal vez conocerse no consista en dejar de desear, sino en aprender a distinguir entre el deseo heredado, el deseo impuesto, el deseo compulsivo y aquel que parece surgir de lo más profundo de nosotros mismos. El deseo es una fuerza y la consciencia le da dirección. Cuando ambos encuentran su cauce, el deseo puede convertirse en voluntad.